miércoles, 4 de junio de 2008
A dado inicio una ardua labor, compartida por ciertos entes psico-biológicos, es la de dar forma y esencia a una ilusión o quizá disolverla, de una vez por todas, en el mar infinito de la realidad, desenvolviendo lo que se sabe y no de ella.
Esta ilusión a la cual me refiero, es un personaje más de la vida cotidiana, un hombre como cualquier otro, con la salvedad de no poseer cualidad ni virtud alguna, perdido, confuso, derrotado por la vida o por la ausencia de la misma, un ser oscuro, débil e imberbe. Destinado a la derrota, por su propia ineficacia e ineptitud hacia la vida, condenado a la irrealidad absoluta del ser que nunca fue. Un algo cambiante, informe e inconciente, indeterminado a cada paso, sólo definido por parámetros que escapan a nuestra mente, un hombre libre de la vida, en pocas palabras, un hombre muerto.
Este es pues el orbe a descifrar, la tarea encomendada por lo poco o mucho que queda de esta ilusión (José Luis Peña López).
Esta ilusión a la cual me refiero, es un personaje más de la vida cotidiana, un hombre como cualquier otro, con la salvedad de no poseer cualidad ni virtud alguna, perdido, confuso, derrotado por la vida o por la ausencia de la misma, un ser oscuro, débil e imberbe. Destinado a la derrota, por su propia ineficacia e ineptitud hacia la vida, condenado a la irrealidad absoluta del ser que nunca fue. Un algo cambiante, informe e inconciente, indeterminado a cada paso, sólo definido por parámetros que escapan a nuestra mente, un hombre libre de la vida, en pocas palabras, un hombre muerto.
Este es pues el orbe a descifrar, la tarea encomendada por lo poco o mucho que queda de esta ilusión (José Luis Peña López).
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